A la del manto invisible que besa mis muertes con buenaventura
A la del pie frío en la montaña alta
Al cuerno con frutos que no he de probar
A la nota oculta que pocos tontos hemos silbado
A la que no goza de juntar palmas en silencios de talco
A la que me huye, inocente, cubierta de plata y con su nombre en la frente
Al hombro izquierdo de Ganimedes
Y a su copa rebosante
A ti te rindo colores y me hinco, crédula
Que por ti aquel grande lamió el suelo
Que por ti, las ratas vuelan
y se atreven a desear
